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Casa El Balcón (M.R.F.), La Barrosa, Chiclana (Cádiz). - 13/5/12
Mi casa de la playa tendrá un jardín atlántico. Queríamos irnos a vivir a la playa, alejarnos del pueblo y dar calidad a nuestras vidas. Contactamos con Arquimara para saber si podíamos permitirnos ese lujo. Paco nos escuchó, nos hizo preguntas y... more info [+]
GIV2, Sociedad Limitada. - 17/4/12
Arquimara, es un compacto equipo, dirigido por el Arquitecto D. Francisco Aragón, que se pone de inmediato a tu disposición, actuando para con tu proyecto con criterios clásicos o innovadores, sin renunciar al consejo que, según su idea, pudiera hac... more info [+]
Propietarios Casa Las Acerolas, Chiclana (Cádiz). - 10/4/12
Como propietario de la Casa Las Acerolas, ideada y llevada a término por Arquimara, quiero expresar mi satisfacción por el buen trabajo realizado. Mi mujer y yo no queríamos un chalet, ni un edificio ostentoso, sino un hogar, una CASA, y que respetase e integrase incluso en su construcción, un árbol frutal cuya presencia era muchos años anterior a la nuestra. Esta idea fue perfectamente captada por Paco Aragón, el arquitecto, y hoy disfrutamos en familia de una domus acogedora, espaciosa, muy personal y con el árbol como inquilino perenne.
Propietarios Casa Las Acerolas, Chiclana (Cádiz). - 8/4/12
El árbol que preside mi terreno por su personalidad y su porte es un raro acerolo. Es un árbol frutal de mediana altura, exótico en las latitudes donde vivo, con ramas añosas y quebradizas, y hojas como las del roble, lobuladas, rústicas, de tronco firme. A la hora de proyectar la construcción, ocupaba el centro del único trozo de terreno donde se podía edificar. Decidí que ese árbol, que llevaba tantos años capitaneando el centro de ese territorio, no debía morir. Pedí un esfuerzo a mi arquitecto para que lo integrase dentro de la edificación. Estaba ubicado de tal forma que impedía y obstaculizaba cualquier cálculo que permitiese la construcción de una casa pensada al estilo ortodoxo. Gracias a su profesionalidad, logró que el árbol quedara integrado y casi intacto dentro de la única zona donde su “estorbo” sería el mínimo, en el centro de lo que según avanzaban las obras, sería el porche. Los albañiles tuvieron que esmerarse en el tejado para poder dejar un hueco sin que cayera la estructura, por el que podría asomar libre la copa de mi acerolo. Hoy el árbol cubre protector con sus ramas el tejado de mi porche. Logré salvar al que ya no es un árbol cualquiera, sino mi árbol.
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